(SBYS) Cap. 1 (V1)

Capítulo 1

Senpai es una Conejita

1

Un día, Sakuta Azugawa se encontró con una conejita salvaje.

Era el último día de la Golden Week.

Un rápido viaje en bicicleta de 20 minutos le llevo desde su apartamento hasta la estación de Shonandai, donde se cruzaban las líneas de Odakyu Enoshima, Soutetsu Izumini y la línea municipal subterránea de Yokohama. La estación estaba rodeada por unos suburbios poco animados con unas pocas construcciones de verdadera altura.

Manteniendo la estación a su izquierda, Sakuta giró a la derecha en el semáforo. Desde ahí, sólo faltaba un minuto para llegar a su destino—la biblioteca.

El aparcamiento para bicicletas sólo tenía un lugar disponible, así que se estacionó y se dirigió dentro del edificio.

Él solía venir aquí seguido, pero el característico silencio del interior siempre le ponía algo nervioso. Su cuerpo tembló un poco mientras entraba.

Era la biblioteca más grande del área y casi siempre era muy concurrida. Tan sólo pasar la entrada había un librero lleno de revistas y periódicos. Sakuta distinguió a un anciano conocido leyendo la sección de deportes del periódico con una cara malhumorada. Su equipo favorito debe de haber perdido.

Tras pasar el mostrador de préstamos, había una fila de escritorios, casi todos ocupados. Estudiantes de secundaria, Universitarios, incluso adultos con sus computadores portátiles.

Sakuta apenas les prestó atención. Él se dirigía a la sección de copias de tapa dura de novelas modernas. Sus ojos exploraban los lomos de los libros dispuestos en orden alfabético, escaneando la sección de libros que comenzaba con yu. Su búsqueda le forzaba a mirar hacia abajo. Él media alrededor de 1.8 metros, e incluso los estantes más alto sólo le llegaban a la cintura.

Pronto encontró el libro que su hermana menor le había pedido. El nombre del autor era Kanna Yuigahama. El titulo era El príncipe me dio una Manzana envenenada. Si él recordaba correctamente, este libro había sido lanzado hace cuatro o cinco años atrás, pero su hermanita había disfrutado una de las otras obras del autor y ahora estaba determinada para leer el resto de sus libros.

Sakuta alcanzó el lomo del destartalado libro, sacándolo de la estantería.

Dándose la vuelta, intento dirigirse al mesón de préstamos—pero entonces la vio.

Una conejita, de pies entre las estanterías.

“……..”

Parpadeo varias veces. Aparentemente no era una alucinación. Ella claramente era real.

Unos altos tacones negros en sus pies. Largas piernas en unas medias negras lo suficientemente transparente para distinguir lo blanco de sus pies detrás de ella. Por encima de eso, un leotardo negro que enmarcaba, enfatizando, su figura—delgada pero curvilínea—creando un notable—sino especialmente dramático valle por sobre ello funcionando como su escote.

Unos puños blancos acentuaban atrevidamente sus muñecas, con una corbata de moño en su cuello.

Sin tacones, probablemente debía de medir 1,65 metros. Sus rasgos fuertes y expresión seria le daban un encanto maduro y una apariencia fastidiada que él encontraba muy atractiva.

Al principio asumió que alguien debía de estar filmando esto. Miro por todas partes pero no pudo ver ningún equipo de televisión por ningún lado. Ella estaba ahí por su cuenta. Perdida y sola. Increíble. Un genuina conejita.

Naturalmente, ella sobresalía como un pulgar adolorido en medio de la biblioteca en una tarde común. Totalmente fuera de lugar… En efecto, a Sakuta sólo se le ocurrieron unos pocos lugares que serían el hábitat natural de una conejita. Casinos en las vegas o tiendas de cierta reputación, ¿Quizás? De cualquier modo, una conejita no habitaba en la biblioteca pública local.

Pero, sorprendentemente, eso no era lo más asombroso que estaba pasando aquí.

La chica estaba ocupando el vestuario más llamativo imaginable, pero nadie le ponía atención.

“¿Pero qué…?”.Dijo en voz alta.

Una bibliotecaria cercana le hizo un gesto que claramente decía “¡Shhh!”. Aunque respetuosamente hizo una reverencia en modo de disculpa, no pudo evitar pensar que no era él quien se merecía el reproche.

Pero la terrible verdad ya se estaba haciendo evidente.

Nadie notaba a la conejita. No le prestaban atención, nadie hacia ningún escándalo, ni siquiera parecían darse cuenta de que ella estaba ahí.

Normalmente, si una chica con un traje de conejita se pasea por ahí, incluso ese estudiante que carga el libro de los Seis Codigos del sistema de justicia legal de Japón echaría un vistazo. Ese viejo con el periódico miraría a hurtadillas mientras pretende leer. Y el bibliotecario vendría y educadamente le sugeriría un cambio de atuendo.

Algo estaba mal. Muy mal.

Era como si ella fuera un fantasma que sólo Sakuta podía ver.

Él sintió como una gota de sudor recorría su espalda.

Mientras observaba con horror, la chica vestida de conejita tomó un libro de uno de los estantes y se dirigió a la esquina de estudio en la parte de atrás.

En el camino, se inclinó—mirando fijamente la cara de una universitaria y sacó la lengua. Luego, puso sus manos entre un hombre de negocios y su tableta, agitándola de arriba a abajo como si verificara que no la podía ver. Cuando ninguno de los dos reaccionó, ella sonrió, aparentemente satisfecha.

Luego tomó asiento en la parte de más atrás de la mesa.

Había un joven universitario ocupado en una investigación frente a ella. Pero él nunca la notó. Ella rápidamente acomodó la parte superior de su leotardo, el cual estaba caído dejando ver más de lo común, pero aun así, el joven no mostro seña alguna de reaccionar. Incluso cuando estaba mirando en su misma dirección.

Después de un tiempo, el estudiante termino su investigación y se preparó para marcharse, como si nada fuera de lo normal hubiera sucedido. Entonces se fue, sin reaccionar de ninguna manera. No miro ni siquiera de reojo el escote de la chica al pasar a su lado.

Sakuta dudo por un momento, pero finalmente tomó el asiento que el universitario había abandonado.

“………….”

Diapositiva4

Miró directamente a la conejita frente a él, examinando las suaves curvas de sus hombros desnudos, que se movían levemente con cada respiración de ella, una escena extrañamente natural en una biblioteca, símbolo de aquello que es serio y delicado. Él sintió que estaba perdiendo la cabeza, o, talvez, ya la había perdido.

Después de unos minutos, levantó la vista de su libro, y sus ojos se encontraron.

“……..”

“……..”

Ambos parpadearon dos veces.

Los labios de ella fueron los primeros en hablar.

“Qué sorpresa” dijo ella, con un toque picaresco en su voz. “Tú puedes verme.”

Eso sonó como si nadie más pudiera.

Pero Sakuta la oyó, esas palabras existían. No obstante, en ese momento, incluso por más discordante que fuera su presencia en ese lugar, no parecía haber ninguna otra persona que la haya notado.

“Bien, entonces”. Ella cerró su libro y se puso de pie. Ese parecía haber sido el final de esto. Él podría haber reducido todo el evento a una divertida anécdota para contar luego a sus amigos. Pero… Sakuta no lo dejaría pasar así como así.

Porque él sabía quién era ella.

Ella iba a su escuela, la preparatoria Minegahara. Era estudiante de Tercer año, un grado superior a él—era su Senpai. Incluso sabía su nombre. Todo su nombre.

Mai Sakurajima.

Esa era la identidad de la conejita.

“Um.”

Justo en ese instante cuando estaba perdido en sus pensamientos, la llamó.

Mai detuvo sus pasos y le miró intrigada por sobre el hombro.

“Tú eres Sakurajima, ¿No?” Él le preguntó, procurando mantener su voz baja.“ ¿De tercer año?”

“…….”. Un destello de sorpresa atravesó su rostro. ”Si sabes eso, entonces probablemente acudes a Minegahara, ¿O me equivocó?”

Ella se sentó de nuevo, viéndolo fijamente.

“Soy Sakuta Azusagawa, clase 2-1. Azugasawa como la cadena de áreas de descanso en la autopista. Saku de florecer y Ta de taro.”

“Yo soy Mai Sakurajima. Mai de Mai Sakurajima y Sakurajima de Mai Sakurajima. Mai Sakurajima.”

“Sí, lo sé. Eres famosa.”

“Correcto.”

Ella parecía haber perdido el interés. Apoyando una mejilla en su mano, dirigió su mirada a una ventana cercana. Ella se inclinó hacia el frente lo suficiente para destacar su escote, a donde los ojos de Sakuta se deslizaron. Una vista digna de ser contemplada.

“Sakuta Azusagawa.”

“Sí.”

“Dejame darte una advertencia.”

“¿Una advertencia?, inquirió Sakuta.”

“Olvida lo que viste hoy”.

Él abrió su boca, pero antes de que pudiera decir cualquier cosa, ella habló de nuevo.

”Si le dices a cualquier persona sobre esto, pensaran que estás loco, y serás forzado a pasar el resto de tu vida etiquetado como un lunático.”

Era una advertencia justa.

“Además, no vuelvas a hablarme jamás.”

“……..”

“Di sí, si lo entendiste.”

“…….”

Al no decir nada, Mai le miró molesta. Pero eso pronto se desvaneció, reemplazado por la mirada seria de antes. Ella se puso de pie, dejó el libro de vuelta en el estante, y se dirigió a la entrada.

Ninguna persona con la que se encontró de camino notó la presencia de Mai. Incluso cuando pasó por el mesón de préstamos, los bibliotecarios sólo siguieron trabajando en silencio. Sólo Sakuta fue incapaz de apartar la mirada de ese par de traslucidas medias.

Una vez que la perdió de vista, Sakuta se desplomó sobre el escritorio.

“¿Olvidar?”. Murmuró, “¿Cómo podría olvidar esa vista?”

Piel blanca desde sus hombros expuestos hasta su pecho. Cuando ella se apoyaba en su codo, profundizaba el valle entre ellos. Un agradable olor que persistía en sus fosas nasales. Su voz suave, pero suficientemente fuerte como para que Sakuta la oyera. Esos ojos claros, viendo directamente a los suyos. Cada uno de los detalles golpeaba las zonas erógenas de Sakuta dejándolo muy inquieto.

Tenía miedo de que de ponerse de pie, la gente a su alrededor se diera cuenta.

Parecía que tendría que quedarse sentado ahí por un tiempo.

Había muchas cosas que él quería preguntarle a Mai. Pero se vio obligado a dejarlo para otro día.

2

A la mañana siguiente, Sakuta despertó de un sueño muy extraño. Lo que más recordaba era ser aplastado por una pila de conejos.

“¡Hay un detalle! ¡Se suponía que fueran conejitas!” refunfuño mientras trataba de sentarse. ”¿Mm?”

Pero no resultó como él pensaba. Había un cierto peso sobre su hombro izquierdo que le impedía despegarse de la cama.

Tiró las cobijas para atrás descubriendo la causa.

Había una chica en pijama acurrucada junto a él, abrazada a su brazo izquierdo. Durmiendo plácidamente. Retirar las cobijas debe de haberle dado frio, pues se estrujó incluso más cerca de él.

Era su hermana, Kaede. Quien cumplía quince años este año.

“Despierta, Kaede. Ya es de mañana.”

“Pero está helado…”

Ella no parecía tener ánimo de moverse, así que él la tomó y la sacó de la cama.

“Maldición, ¡Estás pesada!”

Ella media un metro y medio, bastante alta para su edad, además de que últimamente había crecido bastante. El peso sobre sus brazos dejaba muy en claro que ella ya no era una niña.

“¡La mitad de mi peso se debe a mis sentimientos por ti!” protestó ella.

“¡¿Alguna vez te escuchas a ti misma?! Espero que la otra mitad sea la medicina para el dolor de cabeza que me acabas de dar! Ya está bien, si estás despierta, levántate.”

“Ugh”.

Quejándose, ella dejó que él la bajara. Su rostro era realmente más maduro en relación al año pasado, abriendo un gran abismo entre su apariencia y su forma de actuar. Lo que habría sido un nivel totalmente normal de contacto físico hace un año, estaba haciendo a Sakuta sentirse incomodo ahora.

“Ya es tiempo de que dejes de meterte a la cama conmigo.”

Probablemente también era hora de que dejara de usar ese pijama con capucha de estilo panda.

“Yo vine a despertarte, pero no reaccionaste, así que en realidad es tu culpa”.

Esa cara haciendo un puchero le hacía ver más joven de lo que en realidad era.

“Bien, pero de todos modos ya estas demasiado mayor para hacer cosas como esas.”

“¿Oh? ¿Estoy haciendo que te pongas caliente y emocionado?”

“Las hermanas no sirven para eso”

Dándole un leve golpe en la frente, él salió de la habitación.

“¡Ah! ¡Espérame!”

Después de haber hecho el desayuno para ambos, comieron juntos. Sakuta terminó primero y se preparó para ir a la escuela.

“¡Cuídate!” Le dijo ella, con una sonrisa, pero sólo él salió de la casa.

Empezó a bostezar antes de salir del complejo de apartamentos. El día anterior había sido bastante estimulante, así que tuvo algunos problemas para relajarse. Despertar de un sueño extraño nunca es buena manera de empezar un día.

Dando otro bostezo, se abrió paso entre medio de las calles residenciales. Sólo había un puente que tenía que cruzar en el camino. Mientras se dirigía a la estación, las construcciones a su alrededor se hacían cada vez más grandes. También, más gente salió a la vista—todos iban hacia la misma dirección.

Finalmente llego a la carretera principal, esperó por la luz verde, y cruzó por el paso de cebra. Al pasar los hoteles de negocios y tiendas de aparatos electrónicos, la estación finalmente se hizo visible.

Todo el camino le tomó alrededor de 10 minutos.

Su destino era la estación de Fujisawa, localizada en el corazón de Fujisawa, una ciudad de la Prefectura de Kanagawa. Grupos de estudiantes y trabajadores de agolpaban de camino a la escuela o el trabajo.

En el primer piso de la estación se encontraba la línea de Odakyu. Los trenes que paraban ahí se dirigían a Shinjuko y los que venían de vuelta iban hacia Katase-Enoshima. En el segundo piso estaban las puertas para las líneas JR Tokaido y Shonan-Shinjuku.

Sakuta se unió a la multitud que subía la escalera, pero se apartó de las puertas que iban a JR.

El ferrocarril eléctrico de Enoshima. Enoden para abreviar—den siendo el primer sonido en la palabra japonesa para el ferrocarril eléctrico(densa). Era un ferrocarril de vía única que se detenía en trece estaciones en el camino a Kamakura—a unos treinta minutos de viaje.

Sakuta mostró su pase de cercanías y atravesó las puertas justo cuando el tren se detuvo. El tren era verde, con los marcos de las ventanas en color crema—una especie de aspecto retro. Los trenes de esta línea eran cortos, sólo cuatro vagones de largo.

Sakuta caminó a lo largo del andén, entrando en el vagón delantero.

Pequeños, medianos, grandes, había muchos pasajeros con uniformes. El resto usaba trajes de oficina. Antes de mudarse aquí, había asumido que esta línea era para turistas, pero resultó en que varios lugareños la ocupaban para desplazarse a diario.

Él se quedó en un sitio cerca de la ventana. Mientras estaba ahí, alguien le habló.

Sup”.

El chico que le saludo mientras bostezaba era uno bastante guapo, por ahí corría el rumor de que era representado por una agencia de modelaje, lo que sería bastante creíble. Tenía rasgos afilados y, a simple vista, podía parecer algo intimidante, pero en el momento que sonreía, esa impresión se esfumaba, dejando sólo el rostro de un chico amigable. Parecía ser bastante popular con las chicas.

Su nombre era Yuuma Kinimi. Estudiante de segundo año y titular del equipo de baloncesto. También, tenía novia.

Sigh…

“Esa no es forma de saludar a alguien.”

“Esa agradable sonrisa tuya es lo último que necesito tan temprano en la mañana. Me provoca depresión.”

“¿En serio?”

“En serio.”

Hablaron un tiempo de esto y aquello, hasta que sonó la campana que avisaba la partida del tren, cerrando las puertas.

El tren se puso en marcha, a una velocidad tan lenta que siempre daba la impresión de que aún estaba tomando velocidad, sin embargo, antes de que eso sucediera, ya estaba frenando para abordar a la estación Ishigami.

“Aproposito, Kunimi.”

“¿Hum?”

“Sobre Sakurajima…”

“Te compadezco…”.

Interrumpió Yuuma, antes de que él pudiera terminar la pregunta, dándole una reconfortante palmada en la espalda.

“¿A qué viene eso?”

“Pues estoy contento de que hayas perdido interés en una chica como Makinohara, pero, bueno… Ella está fuera de tu liga.”

“Nunca dije que planeaba invitarla a salir.”

“¿Entonces?”

“Sólo estaba preguntando cómo era ella.”

“Hmm… en pocas palabras, más bien una, ella es famosa.”

“Yo sé eso.”

Sí—Mai Sakurajima era legítimamente una celebridad. Cada estudiante en la preparatoria Minegahara sabía quién era ella. Al igual que entre el 70 u 80 por ciento de la población. Era tan famosa que la cifra no sonaba como una exageración.

“Comenzó a actuar cuando tenía seis años. Luego la telenovela matutina en la que estaba tuvo tanto éxito que fua como la época de oro de la televisión, convirtiéndola en una sensación.”

Su popularidad explotó, llevándola a aparecer en toda clase de películas, shows, y comerciales. Era tan solicitada que no pasaba un solo día sin que estuviera en todos los televisores por donde miraras.

Ciertamente, dos o tres años después de su meteórico ascenso, la moda de “Todo debe tener Mai Sakurajima” pasó, pero para ese momento, su gran habilidad como actriz mantuvo las ofertas a flote.

En un negocio donde no era poco usual que los actores se desvanecieran de un año a otro, ella se mantuvo trabajando en sus años de secundaria. Eso de por sí ya era impresionante, pero estaba a punto de dar otro gran salto.

A la edad de catorce, Mai Sakurajima había crecido en una chica más sabia de lo que sugería su edad. Un papel estelar en otra película exitosa provocó otra nueva oleada de atención mediática tan intensa que hubo semanas en las que aparecía su rostro sonriente en la portada de cada revista.

“Yo me enamoré de ella en su periodo de la secundaria. ¡Ella lo tenía todo! ¡Lindura! ¡Sexy! ¡Misteriosa!”

Yuuma no era el único. Legiones de chicos sentían lo mismo por ella.

Su popularidad alcanzó una nueva cima, pero tan pronto sucedió—ella repentinamente anunció que se tomaría un tiempo. Fue justo antes de graduarse de secundaria. No se dio ninguna razón concisa—y ya habían pasado más de dos años desde entonces.

Cuando Sakuta se enteró que la Mai Sakurajima asistía a la misma escuela, se sorprendió bastante.

Wow, las personas famosas realmente existe, fue lo que pensó.

“Recuerdo todos esos rumores también. Las personas decían que todo su éxito se debía a los encargados de casting o a que se acostaba con un productor…”

“¿Estando en primaria?”

“Nah, creo que era en secundaria. Realmente, esos primeros rumores sobre ella que llegaron a los programas de chismes eran todos acerca de su madre—o sea, su manager. Pero ahora, ella tiene su propia agencia. Incluso un presidente de compañía. Escuché sobre eso la semana pasada.”

“Huh, no sabía eso…. Digo, rumores como esos son totalmente infundados, claro.”

“Pero donde hay humo, hay fuego, ¿No?”

“Pero el humo debió venir de ella. No en el mundo que vivimos.”

La información se esparció como un incendio por internet. Personas de todas partes podían enterarse de esas cosas de un minuto a otro. Incluso cuando no fueran cosas verdaderas. Sin embargo, a la gente que difundía esos rumores usualmente no le importaban los hechos, sólo les interesaba si podían hacer una broma, atraer la atención, unirse a una moda pasajera o restregárselo a alguien en la cara.

Nada más.

“Viniendo de ti, eso suena convincente…”

Sakuta dejó pasar eso sin comentarlo.

El tren pasó tranquilamente por cuatro estaciones más: Yanagikoji, Kagenuma, Shonankaigankoen, y Enoshima.

Sakuto miró por la ventana, notando que en ese instante estaban pasando por la parte del recorrido que atravesaba por las calles normales. Siempre era extraño ver autos regulares justo afuera del tren. Pero él raramente se tomaba el tiempo de notarlo. ¡Oh! Reaccionó antes de que regresaran a las vías a las que estaba acostumbrado.

Esta sección de la línea tenía edificios construidos tan cerca de la vía que daba la impresión de que una colisión podía ocurrir en cualquier momento. Como si pudieras sacar la mano por la ventana y tocar las paredes y ventanas de las casas de las personas que ahí vivían. Cómo si las hojas y ramas de los jardines se estuvieran rozando con el vidrio del tren.

Sin darle importancia a esos pensamientos, el tren se deslizó entre las casas a un ritmo lento, llegando finalmente a la estación de Koshigoe.

“Pero nunca la he visto con nadie en la escuela.”

“¿Mm?”

“Sakurajima. Tú eres el que la mencionó, Sakuta.”

“Oh, claro.”

“Ella siempre está sola.”

No encajaba en su clase—ni en la escuela. Esa era la impresión que Sakuta tenía de ella.

“Un Senpai del equipo de basquetbol dijo que ella no asistió a la escuela gran parte de su primer año aquí.”

“¿Por qué no?”

“Trabajo. Ella anuncio que se iba a tomar un tiempo, pero aún había contratos que tenía que cumplir.”

“Oh, supongo que es algo que ella haría.”

Pero… ¿Por qué anunció eso públicamente antes de liberarse de esos trabajos?  Si había una razón para eso debía de haberla dicho…

“Ella no comenzó a asistir regularmente sino hasta después de las vacaciones de verano.”

“… Eso suena duro.”

Sakuta podía imaginar lo que ella encontró cuando llegó ese otoño. Sus compañeros habían pasado todo un trimestre haciendo amigos y familiarizándose con las jerarquías de la escuela.

“Puedes imaginarte el resto”, dijo Yuuma. Claramente pensaban lo mismo.

Una vez que la estructura de la clase estaba formada, era difícil cambiarla o integrarte tú mismo. Todos estaban cómodos donde estaban, así que se quedaban ahí atrincherados. Era normal para las personas proteger su posición.

Cuando Mai empezó a asistir en el segundo trimestre, nadie sabía qué hacer con ella. Además, ella era una celebridad. Todos estaban curiosos, pero acercarse a ella era un riesgo. Cualquiera que intentase hacerse amigo ella terminaría inevitablemente llamando la atención. Atención que acarreaba el riesgo de que la gente dijera cosas a su espalda como “Qué desagradable…” o “¿Quién se cree que es?” Esto hizo que fuera totalmente imposible para Mai encajar ahí.

Una vez que fuiste excluido… no hay vuelta atrás. Todos lo sabían. Así era como eran las escuelas.

Probablemente esa era la razón por que la Mai nunca pudo encontrar un lugar en el que encajar en la escuela.

A todos les gustaba quejarse de lo aburrido que eran las cosas, desando que algo sucediera. Pero nadie deseaba de verdad que algo cambiara.

Sakuta no era la excepción. Si no sucedía nada emocionante, significaba que las cosas serían sencillas. Podía relajarse y sentirse cómodo. Sin necesidad de estresarse por nada. “Festejando” los días tranquilos. Qué viva el aburrimiento.

La campana de atención sonó, y las puertas se cerraron.

El tren se puso en marcha de nuevo, pasando lentamente por las hileras de casas.

Había una pared justo fuera de la ventana, que pronto dio paso a una pared diferente.  Pared tras pared, casa tras casa, interrumpido sólo por el cruce ocasional.  Y justo cuando parecía que esto nunca terminaría, sin ninguna advertencia… la vista se abrió.

Era el mar.

Agua azul hasta donde el ojo alcanza a ver, reflejando los rayos del sol amaneciendo, brillando.

El cielo.

Un cielo azul hasta donde el ojo alcazaba a ver, un lienzo claro que se desvanecía en azul y blanco a medida que se extendía a la distancia.

Y entre los dos, la línea que marcaba el horizonte. Que como por arte de magia, atrajo cada mirada dentro del tren a mirar por la ventana.

Por un instante el tren corrió por la costa de Shichigahama, con vista a la bahía de Sagami. La impresionante vista incluía todo, desde la propia Enoshima a la derecha hasta las deslumbrantes playas de Yuigahama a la izquierda.

“Oh, cierto, ¿Por qué ese interés tan repentino en Mai Sakurajima.”

“Kunimi, ¿Te gustan las conejitas?”, preguntó Sakuta, sin apartar su mirada del paisaje.

“No podría decirlo así.”

“Las amas, ¿No?”

“Tienes razón.”

“En ese caso, no podría decírtelo…”

“¿Qué se supone que significa eso? Vamos, oye, sólo dime.” Yuuma le comenzó a pinchar las costillas.

“Si te encontraras con una atractiva conejita en la biblioteca, ¿Qué harías?”

“Dudaría de mi vista.”

“Me lo imaginé.”

“Y luego miraría fijamente hasta que se me cayeran los ojos.”

Esa era una respuesta natural humana. O, al menos, en lo que respecta a los hombres.

“Entonces, ¿Qué tiene eso que ver con Mai Sakurajima?”

“Están algo relacionados, pero… no lo sé.”

“Bueno, ya no interesa”.

Yuuma claramente había decidido que no valía la pena preguntar, después de que Sakuta se mostrara tan evasivo. Se conformo con sonreír amablemente en vez de eso.

El tren avanzó por la costa, deteniéndose en otra estación, y luego, finalmente llegó a la estación Shichirigahama, la parada para la Preparatoria Minegahara—la escuela de Sakuta.

Cuando las puertas se abrieron, la esencia del mar ingresó.

Multitudes de estudiantes con uniformes a juego salieron del tren. Sólo había una maquina boletera en la entrada, leyendo las fichas de sus pases de tren. Durante el día solía haber alguien ahí, pero no había nadie para cuando los estudiantes de Minegahara pasaban.

Fuera de la estación, sólo les bastaba cruzar una calle para estar frente a la escuela.

“Y, ¿Qué está haciendo Kaede?”

“No podrás tenerla.”

“Oh vamos, se bueno con tu nuevo hermano-en-ley.”

“Ya tienes una novia que es guapa, Kunimi.”

“Ahora que lo mencionas, es cierto.”

“Ella se enojaría si escuchara algo de esto.”

“Bien por mí. Kamisato es linda cuando se enfada. Hoh-hoh, hablando del rey de roma, mira.”

Sakuta siguió la mirada de Yuuma y vio a Mai Sakurajima caminando sola a varios metros de ellos. Brazos y piernas largos. Una linda cara pequeña. Una figura delgada, como una modelo. Todos usaban el mismo uniforme, pero, en ella, lucia totalmente diferente. Las medias negras que usaba, la falda siguiendo la curva de su posterior, la chaqueta perfectamente ajustada—todo parecía totalmente fuera de lugar. Cómo si estuviera usando las ropas de alguien más. Era su tercer año aquí, pero Mai no parecía encajar en su uniforme.

Había tres chicas hablando cerca de ella, y cada una de ella se veían mucho más cómodas en su uniforme escolar. Una chica de primer año que saludaba con entusiasmo a una de sus Senpai de su club lo usaba lucia mejor. Incluso un estudiante varón que estaba jugando a patadas con un amigo parecía lleno de vida en comparación.

El cortó camino hasta la escuela estaba repleto de estudiantes de Minegahara riendo y charlando.

Pero en el centro de la muchedumbre, Mai caminaba sola en silencio, completamente ajena. Como si un alien que había entrado a una preparatoria normal. Algo fuera de lugar. Un patito feo. Era imposible verla de otra manera.

En efecto, nadie la estaba viendo en absoluto. la Mai Sakurajima estaba justo ahí, pero no estaba atrayendo la atención. Nadie parecía entusiasmado por echarle un vistazo. En la preparatoria Minegahara, eso era normal.

Mai simplemente estaba ahí, al igual que el aire. Todo el mundo lo aceptaba. Le recordó a Sakuta lo que había visto en la biblioteca de Shonandai. Una sensación de inquietud se elevó dentro de él.

“Uh, Kunimi…”

“¿Mm?”

“Puedes ver a Sakurajima, ¿no?”

“Sip, tan claro como el día. Tengo buenos ojos, ¡Ambos de visión veinte veinte!”

La respuesta de Yuuma era exactamente lo que él esperaba. Entonces, ¿Qué fue eso que vio ayer?

“Nos vemos luego.”

“Mm.”

Yuuma estaba en una clase diferente este año, así que se separaron a mitad de la escalera al segundo piso. Sakuta se dirigió a la clase 2-1. Cuando llego ahí, la sala ya estaba medio llena.

Se sentó en el asiento del frente en la fila junto a la ventana. Con un nombre como Azusagawa, seguramente terminaría sentado aquí en la disposición de asientos de primavera. A menos que hubiera una Aikawa o un Aizawa, él generalmente sería el primero de la lista. Desafortunadamente, en este caso, ser el primero no tiene ninguna ventaja. Sin embargo, desde que comenzó a estudiar en Minegahara, Sakuta le ganó algo de aprecio a esta disposición de asientos.

Después de todo, la ventana del edificio le ofrecían una privilegiada vista del océano.

Podía ver algunas personas haciendo windsurf, esperando aprovechar los vientos matutinos.

“Hey.”

“….”

“Oye, te estoy hablando.”

Oyendo una voz cercana, Sakuta miró.

Una chica estaba sentada frente a su escritorio, mirándole hacia abajo. Era una miembro clave entre el grupo de chicas más popular de la clase. Su nombre era Saki Kamisato.

Grandes ojos abiertos de par en par. Cabello hasta sus hombros enroscado levemente hacia adentro. Maquillaje sutil, con un agradable todo de rosa en sus labios. Todos los chicos concordaban en que era guapa.

“¡No puedo creer que me ignoraras!”

“Perdón. No pude creer que hubiera alguien en la clase que realmente me hablara.”

“Escucha…”

La campana sonó. Y el profesor ingresó a la sala.

“¡Argh! Tenemos que hablar. En el techo, después de clases.”

Golpeó el escritorio y luego se dio la vuelta, marchándose hacia su puesto.

“No puedo opinar, ¿Eh?”, murmuró él. Luego se apoyó sobre su mano y se concentró en la vista.

El mar seguía ahí. Sin ofrecer ninguna ayuda.

“Qué molestia…”

Ser llamado por una chica a un sitio después de clases no influía en Sakuta ni un ápice de emoción o esperanza. Ni en lo más mínimo.

Para empezar, Saki Kamisato estaba saliendo con Yuuma Kinimi.

3

Después de la escuela, Sakuta pretendió olvidar de su compromiso y se dirigió al casillero de zapatos, pero luego de pensarlo mejor se dirigió al techo. Concluyó que dejarla ahora sólo empeoraría las cosas más tarde. El apurarse provoca equivocaciones… Aunque quizás eso no aplicaba en este caso.

A pesar de todo, las primeras palabras que le dijo Saki Kamisato fueron “¡Llegas tarde!”

Ya está enfadada. Totalmente injusto.

“Estaba encargado del aseo.”

“No me importa.”

“Entonces, ¿Qué es lo que quieres?”

“Iré directo al punto”, dijo Saki, mirando a Sakuta a los ojos, “Eres un total bicho raro en la clase, así que estar contigo devalúa el estatus de Yuuma.”

“………”

Bastante brusco, pero ciertamente fue al punto.

“Para ser la primera vez que hablamos, sabes bastante sobre mí, Kamisato”, dijo, sin exaltarse en lo más mínimo.

“Todos saben sobre el incidente de la hospitalización.”

“Eso es correcto”, Sakuta dijo a secas. Como si el tema le aburriera.

“Si sientes al menos un poco de aprecio por Yuuma, nunca le vuelvas a hablar.”

“Siguiendo esa lógica, tú eres la única en problemas ahora. Tu estatus está cayendo mientras hablamos“.

Había otras personas en el techo, y la tensión palpable que había entre ellos estaba llamando la atención.

Algunos incluso estaban escribiendo en sus teléfonos, probablemente informando a sus amigos.

Qué elaborado.

“Olvídate de mí. Esto es sobre Yuuma.”

“Entiendo. Eres asombrosa, Kamisato.”

“¿Huh? ¿A qué viene ese cumplido?”

Él intentó decir como una broma, algo sarcástico, pero ella no lo entendió al parecer.

“No creo que tengas de qué preocuparte. Kunimi estará bien. Su valor comercial no se verá afectado sólo porque alguien lo vea hablando conmigo. Todo el mundo sabe que él es un tipo amable que siempre se come el almuerzo que le prepara su madre y cada vez comenta sobre lo delicioso que era. Saben que es un buen tipo que considera a todas las personas.”

Yuuma se había reído una vez, diciendo que cualquiera que fuera criado por una madre soltera sabía lo preciosas que eran las madres, pero incluso un idiota sabía que no era tan simple. Tenía que haber niños que vinieran de hogares similares que se comportaran de manera más tosca.

“Así que no te preocupes. Kunimi es un buen tipo, honestamente es demasiado bueno para alguien como tú.”

“¿Estás tratando de iniciar una pelea?”

“Tú eres la que se presentó con ánimos de discutir, Kamisato”.

Sakuta comenzaba a molestarse, cosa que finalmente se estaba reflejando en su tono.

“Ugh, ¡No me lo recuerdes! ¿Por qué él te llama por tu primer nombre pero a mí me llama Kamisato? ¡Yo soy su novia! ¿Por qué me llama por mi apellido?”

Eso era la ultimo que él esperaba oír en respuesta. ¿A quién le importa? Pensó, mas no lo dijo. No necesitaba que la vida amorosa de ella se dañara más de lo que ya lo estaba.

Pero, probablemente, lo que escogió decir fue mucho peor.

“Hoy estás muy irritante. ¿Es esa época del mes?”

“¡¿Hah?!”

Ella se puso roja como tomate.

“¡Tsk! ¡Tú… muérete! ¡Idiota! ¡Espero que te mueras!”

Habiendo perdido completamente su serenidad, Saki se fue rápidamente de vuelta al interior, gritando insultos sobre su hombro. Azotando la puerta tras ella.

Aún de pie ahí, Sakuta se rascó la cabeza, murmurando: “Au, quizás realmente fui algo…” con un poco de arrepentimiento.

Para evitar toparse con Saki Kamisato por los pasillos, Sakuta se quedó un rato disfrutando de la brisa y la vista del mar desde ahí antes de volver a casa.

Para la hora que llegó al casillero de los zapatos, el cielo ya se había vuelto rojo.

El lugar estaba tranquilo, no había nadie a la vista. Esta hora del día era como una pausa entre dos olas—los estudiantes que se marchaban inmediatamente tras acabar sus clase ya no estaban, pero todos los demás seguían ocupados con sus actividades de club o prácticas. Mientras se cambiaba sus zapatos, podía escuchar el grito de los equipos deportivos a la distancia. Ese sonido lejano sólo le hacía sentir más su soledad.

El camino a la estación casi hizo parecer que había alquilado todo el camino para su uso personal. Pronto estuvo dentro de la estación de Shichirigahama, que también estaba bastante vacía. Normalmente se iba con todos los demás cuando las clases terminaban, uniéndose a una gran multitud de estudiantes abarrotados en el diminuto andén, pero hoy en día sólo había unas pocas personas alrededor.

Sus ojos instantáneamente se fijaron en una en particular. Una chica de pie taciturna hacia el final del andén—como si rechazara el contacto con cualquier persona, con sus audífonos en sus orejas, mientras el cable del mismo llegaba al bolsillo de su chaqueta.

Mai Sakurajima.

Bañada por la luz del sol que ya se ponía, irradiaba una belleza inaudita… sola, ahí de pie, era cómo la escena de un cuadro. Sakuta sintió que podía mirarla todo el día con gusto… pero su curiosidad pudo más.

“Hola”, dijo él, acercándosele.

“……….”

No hubo respuesta.

“¿Hola?” dijo, esta vez un poco más fuerte.

“………”

Otra vez sin respuesta.

Pero él estaba bastante seguro de que ella le había notado.

Ambos esperaron de pie en el tranquilo andén. Había otros tres estudiantes de Minegahara dispersos por ahí. Entonces, una pareja de veinteañeros—probablemente turistas, entraron a la estación. Mostraron su pase diario de Noriori-kun al encargado de la estación en la puerta de servicio mientras ingresaban.

Tras moverse hasta el centro del andén, inmediatamente notaron a Mai.

“Oye…”

“¿No es…?”

Sakuta podía escucharlos susurrar. Mai mantuvo sus ojos en la vía, como si no se hubiera dado cuenta.

“¡No deberías, lo sabes!”. Susurró la mujer juguetonamente, claramente sin tratar de detenerlo en absoluto. Sus bromas coquetas resonaron en la silenciosa estación. A Sakuta le pareció bastante irritante.

Incapaz de mantenerse tranquilo, él se giró y encontró al hombre apuntando la cámara de su teléfono a Mai.

Entonces, antes de que pudiera presionar el botón, Sakuta se cruzó en la escena. Se escuchó un “click”, pero todo lo que el hombre obtuvo fue una foto de primer plano de Sakuta frunciendo el ceño.

El hombre la vio asombrado, luego se enojó.

“¿Qu-Quién eres tú?”, gruño, dando un paso al frente. Después de todo, no podía dejar que un chico de preparatoria se mostrara superior a él en frente de su novia.

“Un humano, claro”. Dijo Sakuta con una cara sería. Bastante literal, aunque, técnicamente correcto.

“¿Huh?”

“Y tú eres un pervertido que va por ahí tomando fotos a la gente.”

“¿Qu—?¡No!”

“Ya estas bastante viejo como para no saberlos. Lo que haces me avergüenza de saber que somos de la misma especia.”

“Yo no—”

“Ibas a twitear esa foto como si acabaras de matar a un demonio, ¿No?”

“¿¿¡¡¡!!!??”

El enojo y la vergüenza cruzaron la cara del hombre. Sakuta parece haberle dado al clavo.

“Si lo que quieres es atraer atención de mala manera, puedo twitear una foto tuya con el titular ‘Fotógrafo pervertido del tren’”.

“………”

“¿Acaso nadie te lo enseño cuando eras un niño? No hagas lo que no quieres que te hagan. No lo vuelvas a hacer.”

“¡Ca-callate, imbécil!”, respondió el hombre rápidamente. Luego agarró la mano de su novia y se metieron al tren que acababa de llegar a la estación de Kamakura. Sólo había una vía en la estación, así que no importa qué tren pase, siempre se detenía en el mismo sitio.

Sakuta se quedó ahí, viendo cómo se marchaba el tren, hasta que sintió como unos ojos se le clavaban en la espalda.

Repentinamente nervioso, Sakuta se dio la vuelta para encontrarse con Mai, quien se estaba sacando sus audífonos, viéndolo con un rostro que expresaba algo de molestia.

“Gracias”. Le dijo ella.

“¿Huh?”

Él hubiera esperado una reacción diferente, así que fue incapaz de disimular su sorpresa.

“¿Pensaste que te iba a gritar? ¿Algo como “Metete en tus propios asuntos”?”

“Uh… sí.”

“Pensé en eso pero al final no lo dije”

“Podrías haber dejado esa parte sin decir también…”

Francamente el haberlo admitido era equivalente a decirlo en primer lugar.

“Estoy acostumbrada esta clase de cosas.”

“Incluso si lo estas, aun así es carcome, ¿No?”

“……….”

Un destello de sorpresa paso por sus ojos

“Carcomer… eso suena bastante adecuado”, admitió ella.

Una sonrisa floreció en sus labios, como si le hubiera resultado divertido.

Sintiendo que ella posible que estuviera dispuesta a hablar un poco más, Sakuta se quedó a su lado. Pero, antes de que pudiera decir cualquier cosa, ella habló.

“¿Por qué estás aquí a una hora tan inusual como esta?”

“Una chica de mi clase me citó en el tejado.”

“¿Una declaración? ¿Eres alguien popular? No lo hubiera imaginado.”

“Una declaración de odio eterno.”

“¿Ah, sí?”

“Me dijo a la cara que me odia hasta el punto de desear mi muerte.”

“Bueno, esa es la nueva tendencia.”

“Ciertamente fue la primera vez para mí. ¿Y tú, Sakurijima? ¿Qué haces aquí tan tarde?”

“Sólo estaba matando el tiempo para no encontrarme contigo otra vez.”

Él la miró, pero no pudo ver si lo decía en serio por su perfil. Decidió que prefería no saberlo, y lo dejó pasar. En cambio, se volvió hacia el horario del tren, cambiando de tema.

“¿Qué hora es?”

“Hora de comprar un reloj.”

Él levantó ambas manos, mostrando que no portaba ninguno.

“Entonces revisa en tu teléfono.”

“No tengo uno.”

“¿Ni siquiera un teléfono torpe?”

“Inteligente o tonto, no tengo uno. Tampoco lo dejé en casa por error hoy”

Él no tenía ninguna clase de teléfono.

“¿…En este día y época?”

Mai le miró, como si le fuera difícil de creer.

“Lo digo en serio. O sea, solía tener uno, pero me enojé y lo arrojé al océano.”

Él lo recordaba claramente, Ese fue el día que vino a la entrada de Minegahara para conocer los resultados de los examenes…

Esa pequeña caja de doscientos gramos, un aparato manual que lo conectaba con el resto del mundo, trazaba un suave arco en el aire cuando salía de su mano y caía al mar.

“La basura se deja en los botes de basura”.

Ella tenía razón.

“Lo tendré en cuenta para la próxima vez.”

“¿Lo puedo tomar como que no tienes amigos?”

Sin un teléfono, ¿Cómo podría alguien hacer planes para salir con otras personas? Ese era el mundo en que el que vivimos. Mai tenía un punto. Intercambiar números, direcciones de email o ID’s era el inicio de muchas amistades, y la falta de cualquiera esas te enajenaba de la sociedad actual. En el microcosmos de la escuela, cualquiera que fallara en mantenerse dentro de los límites “normales” era considerado con sospecha. Sakuta tuvo un montón de problemas para hacer amigos desde el principio.

“Tengo dos amigos.”

“¿Por qué lo haces sonar como si dos fuera mucho?”

“¡Dos es más que suficiente Sólo tengo que seguir siendo amigo suyo para siempre.”

El número de teléfono, dirección de email, y las ID’s de contacto eran irrelevantes. La cantidad no importaba en absoluto. Al menos no en la filosofía de Sakuta.

Para empezar, ¿Qué era un amigo? Para él era “Alguien que lo aguantara a regañadientes aun cuando le llamara a media noche para pedirle un consejo”.

“Hmm”, murmuró Mai, sacando su propio teléfono fuera de su chaqueta. Tenía una carcasa roja con unas orejas de conejo.

Ella le mostró la pantalla. La hora era $:37. El próximo tren estaba a tan sólo un minuto. Pero tan pronto como Sakuta pudo notar la hora que marcaba, el teléfono comenzó a vibrar. Una llamada entrante.

Él alcanzó a leer la palabra Manager en la pantalla.

Ella rechazó la llamada, y la vibración se detuvo.

“¿Está bien eso?”

“El tren ya se acerca… y ya sé que es lo que ella quiere decir.”

Sakuto creyó oír un leve tono de irritación en esa segunda parte.

El tren de Fujisawa entró lentamente en la estación…

Ambos entraron juntos, entonces encontraron un par de asientos desocupados uno al lado del otro.

Las puertas se cerraron, y el tren reanudó su marcha. El vagón estaba relativamente lleno. Alrededor del 80% de los asientos estaban ocupados, mientras que algunas personas iban de pie.

Pasaron dos estaciones en total silencio. Dejando la vista al océano atrás, el tren ingresó al área residencial.

“Así que, sobre ayer…”

“Te dije que lo olvidaras. Te lo advertí, ¿No?”

“Tú vestida de conejita es en demasía sensual como para siquiera pensar en olvidarlo.”

El pensamiento que él había tratado de aguantar finalmente se las arregló para escapar.

“Estaba tan agitado que no pude pegar un ojo en toda la noche”

Dijo mirando a Mai con reproche.

“¡Oye! No me imaginaste haciendo nada raro, ¿O sí?”

Sakuta esperaba una mirada de desprecio y posiblemente una ráfaga de insultos, pero Mai realmente sólo se estaba poniendo roja y tartamudeando. Esa mirada era claramente su intento de disimular la vergüenza. Era bastante linda.

Pero pronto recuperó la compostura.

“N-no es como si me molestara del todo que un chico fantaseé conmigo”, Dijo ella, tratando de establecer una fachada. Pero sus mejillas aún rojas destartalaban por completo las apariencias. Era obviamente un engaño. Puede que se haya presentado como una adulta madura, pero definitivamente bajo el exterior había un niño inocente.

“No te sientes tan cerca”.

Ella le empujó el hombro, como si tratara de apartar algo asqueroso.

“Woooow, ¡Qué duro!”

“Podrías dejarme embarazada.”

“¿Y qué nombre deberíamos ponerle?”

“¿Es enserio?” Le miró fríamente.

Quizás se había sobrepasado un poco.

“No era mi atuendo lo que te decía que olvidaras”, dijo ella.

“Entonces, ¿qué fue eso?”. Si ella misma iba a sacar el tema a conversación, Sakuta podía presionar a libertad. Eso era lo que él quería preguntar desde el principio.

“Sakuta Azugawa”, comenzó ella.

“¿Recuerdas mi nombre?”

“Trató de recordar cada nombre después de haberlo escuchado la primera vez.”

Una meta admirable. Puede que ella esté “retirada” por el momento, pero estar en el negocio claramente cultivó algunos hábitos útiles para la vida diaria.

“Escuché los rumores sobre ti.”

“Oh… esos”.

Él sabía a lo que ella se refería. Era el mismo que hizo que lo llamarán al techo hoy.

“Supongo que verlo es más exacto que oírlo”, habló ella mientras sacaba su teléfono del bolsillo de su chaqueta otra vez. El navegador estaba abierto en un foro o algo así.

“Tú fuiste a la secundaria de Yokohama.”

“Así es.”

“Y tuviste una pelea en la que enviaste a tres compañeros de clase al hospital.”

“Bueno, tú sabes, soy una clase de grandioso artista marcial.”

“Y por eso te retiraste de la preparatoria de Yokohama al que habías planeado asistir y fuiste con tu segunda opción: la preparatoria Minegahara. Y te mudaste aquí.”

“………”

“Hay más. ¿Debería continuar?”

“………”

“Bueno, como cierta persona dijo “No hagas a otros lo que no quieres que te hagan””.

“No me molesta que preguntes. Me siento honrado de haber captado tu interés.”

“El internet es bastante extenso. Hay montones de información personal, ahí, sola sin vigilancia y disponible.”

“Cierto.”

¿Había algo más que mencionar?

“Pero, por supuesto, no hay garantía de que lo que se dice sea cierto.”

“¿Qué te hace decir eso?”

“Es lógico si lo piensas. Alguien que haya hecho algo así no estaría asistiendo a la preparatoria como si nada hubiera pasado.”

“Deseo que mis compañeros escuchen lo que acabas de decir.”

“¿Por qué no simplemente les dices que no es cierto?”

“Los rumores son… como el aire en una habitación. La vibración o el estado de ánimo, o como quieras que desees llamarlo. En estos días tienes que saber cómo leerlo.”

“Eso es cierto.”

“Cualquiera que no lo entienda lo suficientemente bien será rechazado. Y la gente que crea esas reglas tácitas no son conscientes de ello, así que si haces un argumento apasionado por la verdad, todo el mundo va a estar como, “¿Cuál es su problema?”

La batalla no era con las personas en sí misma, por lo que nada de lo Sakuta dijera le llevaría a algún lado. Cualquier cosa que intentara saldría mal de la manera más inesperada.

“Pelear con el aire no tiene caso”.

“¿Así que dejaste que el malentendido se mantuviera? ¿Te rendiste sin dar pelea?”

“Esto es un chisme de Internet sin ninguna fuente. No veo cómo podría ser amigo de alguien tan tonto como para creer esa mierda sin pensarlo dos veces.”

“Suenas bastante enojado.”

Mai estaba sonriendo. Parece que estaba de acuerdo.

“Tu turno.”

“……”

Ella le dio una mirada malhumorada, pero ahora que ya había escuchado la historia de él, se rindió.

“La primera vez que lo noté fue cuando empezaron las vacaciones.”

En otras palabras, cuatro días atrás. El 3 de Mayo. El día de conmemoración de la constitución.

“Ese día fui al acuario por capricho propio.”

“¿Sola?”

“¿Tiene algo de malo?”

“Sólo me estaba preguntando si tenías novio.”

“Nunca he tenido un novio”, dijo, a la vez que volteaba los ojos viendo hacia otro lado.

“¿Ohhh?”

“¿Hubieras preferido que no fuera virgen?”

Ella le dio una mirada juguetona, como si tratara de burlarse de él.”

“………”

“………”

Ellos se miraron el uno al otro, en silencio.

Mai gradualmente se puso roja. Incluso su cuello estaba abochornado. Fue ella quien lo mencionó, pero la palabra virgen fue, en definitiva, más vergonzosa de lo que pensó.

“Uh, no te lo habría reprochado”, dijo, tratando de suavizarlo.

”Bu-bueno, ¡Cómo sea! Yo estaba ahí, rodeada de familias paseando por el acuario, cuando de repente me di cuenta que nadie me está mirando.”

Ella estaba algo enfurruñada, lo que la hacía ver incluso más joven. Siempre había pensado que ella parecía realmente madura, así que esto era una nueva faceta de ella. Pero de mencionarlo podría descarriar la conversación, así que decidió guardárselo para sí.

“Al principio, pensé que lo estaba imaginado. No había trabajado en un par de años; además de que todos estaban concentrados en ver los peces y cosas así.”

Su tono de voz poco a poco se hacía más sombrío

“Pero en el camino a casa. Me detuve en un Café, y la verdad se hizo evidente. La locataria no me saludo. Ni nadie me llevó a una mesa.”

“¿No era un sitio donde te sentabas por tu cuenta?”

“No. Era un lugar a la antigua. Una fila de asientos en el mostrador, y cuatro mesitas a un costado.”

“¿No había probabilidad de que hayas ido antes y hecho algo que provocara que te expulsaran de por visa?”

“¡Claro que no!, su mejilla se infló, en un puchero manifestando enojo, mientras le pisaba el pie.

“Tu pie, Senpai.”

“¿Qué tiene?”

Mai tenía una sorprendente cara de poker. Como si genuinamente no tuviera idea de lo que él se refería. Quizás era natural para una actriz profesional.

“Estoy encantado de que hayas decidido pisar el mío con él.”

Lo decía como una broma, pero Mai parecía realmente asqueada. El chico que estaba sentado a su otro lado acababa de bajarse, así que ella aprovechó la oportunidad para poner distancia entre ambos.

“Estaba bromeando.”

“Estabas al menos en la frontera de la sinceridad. Lo noté.”

“Bueno, puede ser. ¿Qué chico no quisiera pasar tiempo de calidad con una bella Senpai?”

“Claaaaro. Nunca terminaré mi historia si no guardas silencio. ¿Dónde había quedado?”

“Acababas de ser expulsada de un Café.”

“Ya basta con eso.”

Había un leve resplandor en sus ojos. Claramente se estaba hartando.

Como una forma de mostrar su arrepentimiento, Sakuta hizo un gesto de sellarse los labios.

“El personal del Café no me hablaba o respondía, Mai continuó, su humor no había mejorado. “Tampoco ninguno de los clientes. Me sentí tan asustada que salí de ahí y simplemente comencé a correr.”

“¿Qué tan lejos?”

“Todo el camino hasta la estación Fujisawa. Pero cuando llegué ahí, todo era normal. Todos me veían. Había caras sorprendidas por todas partes murmurando: “¡Es Mai Sakurajima!”. Así que pensé que quizás sólo fue mi imaginación lo sucedido en Enoshima. Pero cuando comencé a preguntarme si podía pasar lo mismo en cualquier parte, empecé a investigar.”

“¿De ahí el traje de conejita?”

“Vestida de esa manera, cualquiera que me viera se notaría. No había manera de convencerme a mí misma que sólo había sido mi imaginación.”

Eso era claramente cierto. La misma reacción de Sakuta era prueba de la efectividad de eso.

“Así que… comenzó a pasar en otras partes, ¿No? Sucedió lo mismo en Shonandai.”

“Sí. Estaba empezando a pensar que ya no había nadie que pudiera verme, dijo, disparando sus palabras a Sakuta, como una clase de reproche.”

“Pero la escuela es totalmente normal, por ahora.”

Mai alzó una ceja mirando hacia la puerta trasera del vagón. Algunos chicos de otra escuela, se puede decir por sus uniformes, tenían sus teléfonos en las manos, apuntando sus cámaras a… bueno, obviamente no a Sakuta.

“Por extraño que parezca, suena como si lo estuvieras disfrutando.”

Sakuta pensó que podía serl así, por lo que pregunto directamente. En definitiva, ella no parecía alguien que estuviera lideando con una tragedia.

“¡Porque así es!”

“¿En serio?”, Le preguntó él, incapaz de ver el lado positivo de ello.

“Pase mi vida entera siendo el centro de atención. Siempre bajo la mirada de la gente. Cuando era niña, solía desear el poder visitar un mundo donde nadie me conociera.”

No parecía estar mintiendo. E, incluso si fuera una actuación, por lo que él sabía de ella, sonaba creíble. Ella había sido una actriz famosa toda su vida.

Mientras hablaban, Sakuta notó como la mirada de Mai se dirigía a un poster promocional de una película que estaba pegado en el techo del tren. Era la adaptación de una novela popular. La protagonista era una actriz de renombre, una que estaba haciendo su camino al estrellato. Tenía alrededor de la misma edad que Mai.

¿Estaba ella aún al pendiente de la industria? ¿La extrañaba? No, ninguna de las dos encajaba. Era como si ella estuviera ensimismada por algo más, viendo algo a la lejanía, unas emociones en conflicto relampagueaban en sus ojos.

Como si no pudiera dejarlo ir.

“¿Hola?”

“………”

“¿Sakurajima?”

“Sí, te escucho”.

Ella parpadeó una vez y le miró de nuevo.

“Estoy fascinado por que esto esté pasando. Déjame disfrutarlo.”

“………”

El tren se había detenido e la estación Fujisawa. Final de la línea. Las puertas estaban abiertas. Mai se puso de pie primero, y Sakuta salió disparado tras ella.

“¿Lo entiendes ahora? ¿Ves lo loca que estoy?”

“………”

“Sólo déjame en paz”, gritó ella. Luego aceleró su paso, pasando a través de las puertas. Alejándose de Sakuta como si fuera un adiós.

Sakuta la siguió a la distancia por un momento—aunque para ser justos, ella se dirigía hacia donde él tenía que ir. Cruzaron el pasillo de conexión a la estación JR.

Mai se detuvo en frente de los casilleros que estaban en la esquina y sacó una bolsa de papel de ahí. Luego, comenzó a avanzar hacia el mostrador de un puesto de panadería.

“Un bollo de crema”, pidió ella, dirigiéndose a la mujer que estaba en el mostrador. Pero ella pareció no escucharla. No hubo respuesta.

“Un bollo de crema”. Repitió Mai.

Pero la mujer aún no reaccionaba, era como si no pudiera ver a Mai en absoluto. La mujer aceptó un billete de mil yen de un hombre que negocios que llegó después de Mai, como sin notar que la chica le había hablado, luego le ofreció un pan de melón a unas chicas de secundaria.

“¿Me daría un bollo de crema?”, preguntó Sakuta, de pie a un lado de Mai.

“¡De inmediato!”, le respondió la locataria. Ella le pasó un paquetito de papel por el mostrador y el dejó 130 yen en donde mismo.

Un par de pasos más allá del puesto de pan, él le dio el paquetito que contenía el bollo de crema a Mai.

Ella miraba inconforme sus pies, con la cabeza agachada.

“Parece que hubo un inconveniente.”

“Sí. Uno nunca debería ser privado de los bollos de crema de esa tienda.”

“Es así, ¿No?”

“Pero… ¿Creíste mi loca historia?”

“Sé un poco acerca de historias como esas.”

“………”

“Síndrome de la Adolescencia.”

Los ojos de Mai se exaltaron.

Él nunca había escuchado de caso en particular donde alguien se volviera “invisible”, pero…

“¡Puedo leer la mente de otras personas!” o “¡Puedo ver el futuro de otros!” o “¡Intercambiamos cuerpos!” Había una gran variedad de historias bien conocidas sobre esos eventos sobrenaturales. Revisando cualquier Foro en línea podrías conseguir una montaña de historias así.

Los psiquiatras respetables lo descartaron como un nuevo estado de sugestión inducido por alguna inestabilidad emocional. Los autoproclamados expertos hablaban de ello como una nueva variante de una crisis de pánico atribuida a los rigores de la vida en la sociedad moderna. Y las personas corrientes simplemente disfrutaban esas locas historias asumiendo que era una especia de hipnosis masiva.

Otra teoría popular hablaba sobre una enfermedad mental causada por el estrés de la persona ante la realidad de no satisfacer los ideales propios.

Lo único que tenían en común todas esas teorías era que ninguna se tomaba a la condición como algo serio. Casi todos los adultos estaban seguros de que era algo que estaba en la cabeza de los niños.

En algún momento de la tormenta de opiniones casuales, la gente empezó a usar el Síndrome de la Adolescencia como un nombre colectivo para estos extraños fenómenos, como el que le está sucediendo a Mai en este momento.

“El Síndrome de la Adolescencia es sólo una leyenda urbana.”

Mai tenía razón. Sólo era una leyenda urbana. Nadie creería tal cosa normalmente. Todos reaccionarían como lo hizo Mai ahora. Incluso si una persona percibía que algo extraño estaba pasando delante de ellos, la mayoría asumiría que fue sólo su imaginación.

Incluso si era algo que les pasaba a ellos mismos, las personas normales difícilmente lo aceptarían. El mundo en el que todos viven era un lugar donde esta clase de cosas propias de la fantasía simplemente no podían ocurrir—Eso era el sentido común.

Pero, Sakuta tenía una buena razón para diferir de eso.

“Tengo algo que debo mostrarte. Debería ser una razón convincente del porqué te creo.”

“¿Qué es lo que más a mostrarme?”. Mai le miro, sumida en la duda.

“¿Te importaría acompañarme?”. Le preguntó él.

Ella lo pensó por un momento

“…Bien” Respondió, asintiendo, y con su voz apenas por encima de lo que sería un susurro.

4

Sakuta llevo a Mai a cierto punto en un área residencial a 10 minutos de la estación.

“¿Y esto es?”, preguntó ella, alzando la vista hacia un complejo departamental de siete pisos.

“Mi casa.”

“………”

Él sintió como una mirada llena de sospecha y desdeño apuñalaba su costado.

“No voy a intentar nada”.

Y luego con un murmullo añadió, “Probablemente.”

“¿Qué fue eso ultimo?”

“Si tú decidieras seducirme, no estoy seguro de poder resistirme.”

“………”

Los labios de Mai se sacudieron.

“¿Oh? ¿Senpai…? ¿Estás nerviosa?”

¿”Ne-nerviosa? ¿Y-yo?”

“Pude distinguir un pitillo algo nervioso en tu voz…”

“No me molesta en lo más mínimo el entrar en la habitación de un chico joven.”

Mai se estremeció gritando y luego caminó hasta el vestíbulo del edificio frente a ellos. Sakuta le siguió, tratando de no reírse.

Tomaron el elevador hasta el quinto piso. La tercera puerta a la derecha era el apartamento de Sakuta.

“¡Estoy en casa!”, dijo, al dar un paso dentro. No hubo respuesta. Kaede normalmente le estaría esperando, pero él volvió a una hora extraña, así que quizás estaba enojada. O tal vez sólo estaba dormida, o tan inmersa en un libro que no notó la llegada de su hermano…

“Adelante”, invitó a pasar a Mai, notando que ella estaba de pie en la entrada aún con sus zapatos puestos.

La habitación de Sakuta estaba justo al frente de la puerta principal.

Mai dejó su bolso abajo y colocó la bolsa de papel que sacó del casillero de la estación junto a ella, luego se sentó en la cama, con ambas palmas a cada lado de ella. Sakuta dio un vistazo rápido a lo que había dentro de la bolsa, alcanzando a ver las orejas del traje de conejita. Probablemente ella trataba de hacer su rutina de la conejita otra vez en algún sitio.

“Bueno, al menos lo mantienes ordenado”, dijo, examinando la habitación, no parecía particularmente impresionada.

“Es sólo que no tengo nada”.

“Lo puedo ver.”

Su cama, un escritorio, y una silla—no había nada más.

“Senpai”. Él inició.

“Alto”, le interrumpió ella.

“¿Qué?”

“¿Podrías evitar llamarme Senpai? No se siente adecuado.”

“¿Sakurajima?”

“Muy largo para usarlo todo el tiempo.”

“¿Puedo acortarlo a Jima? ¡Urp!”

Mai le agarró de la corbata, jalándolo con fuerza.

“Sin apodos raros.”

“¡Pensé que podría hacernos más cercanos!”

“Detesto a las personas que no actúan con modales”, protestó ella. Había un ambiente tenso en la habitación, una que no daba espacio para bromas. ¿Fueron esos estrictos principios también el resultado de su carrera de actuación?”

“En ese caso… ¿Mai?”

“Tú no tienes cara de un Azusagawa, así que sólo te llamaré Sakuta.”

Él se preguntó cual sería la imagen mental de un Azusagawa que tenía ella.

“¿Entonces? ¿Qué era lo que querías mostrarme?”

“Primero… ¿Podrías soltarme?”

Mai finalmente le liberó. Sakuta se enderezó, aflojó su corbata y desabrochó los botones de su camisa. Moviéndose suavemente, también se quitó la camiseta que tenía debajo, dejándolo desnudo de cintura para arriba.

“¿Qu-Qué estás haciendo? ¡¿Por qué te desvistes?!”

Gritó Mai. Desviando su mirada avergonzada

“¡Dijiste que no intentarías nada! ¡Sucio! ¡Pervertido! ¡Inmoral!”

Tras esa ráfaga de insultos, ella le miró de nuevo temblorosamente.

“Ah—“

Exclamo en completo asombro.

Tres macabras cicatrices atravesaban de lado a lado el pecho de Sakuta. Era como si hubiera sido rasgado por las garras de un enorme monstruo. Yendo desde su hombro derecho hasta su cadera izquierda.

Las cicatrices estaban levantadas, como ronchas inusualmente grandes. Una mirada fue todo lo que se necesitó para saber que algo estaba mal. Podrías ser atacado por un oso y salir con menos. Si hubiera sido golpeado por una pala de excavadora, eso podría explicarlo. Lamentablemente, Sakuta nunca había luchado con una excavadora.

“¿Fuiste atacado por mutantes?”

“Ne tenía idea de que fueras fanática de los comics.”

“Sólo he visto algunas películas.”

“………”

“………”

Mai miraba fijamente sus cicatrices.

“¿Son reales?”, preguntó al final.

“¿Crees que sería tan tonto como para hacer esto con maquillaje?”

“¿Puedo tocarlas?”

“Adelante.”

Mai se puso de pie y extendió la mano, presionando ligeramente con la punta de los dedos contra las cicatrices de su hombro.

“¡Oh!”

“¡No hagas ruidos extraños!”

“Son un poco sensibles. ¡Se suave!”

“¿Así?”

Ella pasó ligeramente sus dedos por sobre las cicatrices.

“Eso se siente muy bien.”

Sin que su expresión cambiara en absoluto, le pellizcó el costado, con fuerza.

“¡Ay! ¡Ay! ¡Suéltalo!”

“Realmente parece que estás disfrutando esto.”

“¡Realmente duele!”

Mai lo soltó, presumiblemente decidiendo que esta era una batalla que no podía ganar.

“¿Y? ¿Cómo te hiciste estas cicatrices?”

“No estoy realmente seguro.”

“¿Eh? ¿Qué quieres decir? Querías mostrarme estas, ¿Verdad?”

“En realidad, no. Estas no importan realmente. Olvida que los has visto.”

“¿Cómo podría? Si no importan, ¿Por qué te quitas la camisa?”

“Siempre me cambio el momento en que llego a casa, así que… ¿La costumbre?”

Sakuta abrió el cajón de su escritorio, sacó una foto y se la entregó a Mai.

“Esto es lo que quería mostrarte.”

“……?!”

En el momento en que vio la foto, los ojos de Mai se abrieron de par en par con el shock. Entonces miró a Sakuta, exigiendo una explicación. “¿Qué es esto?”

La foto mostraba a una chica en su primer año de secundaria. Su uniforme de verano dejaba sus brazos y piernas expuestos, haciendo evidente que estaban cubiertos de moretones púrpuras y cortes de aspecto doloroso.

“Mi hermana, Kaede.”

El uniforme escondía su espalda y su estómago, pero Sakuta sabía que estaban cubiertos de las mismas heridas.

“…¿Fue atacada?”

“No. Sólo la intimidaron en línea.”

“…Estoy confundida.”

Eso era natural. Casi todos los que fueron introducidos en el incidente reaccionaron de la misma manera.

“Dejó un mensaje de texto sin leer o algo así, y uno de los líderes de la clase se enojó con ella. Los medios sociales que toda la clase estaba usando estaban llenos de abusos. “Apestas”, “Eres tan espeluznante”, “Muérete”, “Eres tan desagradable”, “No te molestes en venir a la escuela””.

Mientras hablaba, Sakuta se desabrochó el cinturón.

“Y entonces un día, eso le pasó a su cuerpo.”

“¿De verdad?”

“Al principio, incluso yo asumí que alguien se lo había hecho. Pero para entonces, ya había dejado de ir a la escuela. Si no había salido de casa, ¿Cómo podría alguien atacarla? Por eso pensé que el estrés se había vuelto tan malo, que se lo había hecho ella misma.”

Se quitó los pantalones y los colgó en el respaldo de la silla para que no se arrugaran.

“Es cierto que algunas víctimas llegan a pensar que el acoso es su culpa”, dijo Mai.

Por alguna razón, ella estaba mirando fijamente a una esquina de la habitación.

“Así que me salté la escuela, quedándome con ella todo el tiempo. Necesitaba saber la verdad”.

“Antes de llegar a eso…”

“¿Qué?”

“¿Por qué sigues desvistiéndote?”

Sakuta se miró en el espejo. Sólo llevaba boxers. No, espera, también llevaba calcetines.

“Como he dicho, siempre me cambio en cuanto llego a casa.”

“¡Entonces ponte algo de ropa!”

Abrió su armario para hacer precisamente eso. Mientras lo hacía, no paraba de hablar.

“¿Dónde estaba yo?”

“Te saltaste la escuela para quedarte con ella. ¿Qué pasó?”

“En el momento en que abrió la aplicación en su teléfono, una nueva herida brotó. Su muslo simplemente… se abrió. La sangre salió… y cada publicación que vio causó más heridas o moretones.”

Casi como si el dolor en su corazón se estuviera tallando en su carne.

“……”

Mai parecía insegura de cómo responder a esto.

“De todos modos, por eso creo que existe el Síndrome de la Adolescencia”.

“…No es una historia fácil de creer, pero no puedo ver por qué la inventarías. O falsificarías esta foto.”

Mai devolvió la foto. Sakuta la devolvió al cajón de su escritorio y lo cerró con llave.

“¿Fue también cuando te hiciste esos cortes en el pecho?

Él asintió con la cabeza.

“Esos claramente no son de nada humano”.

“Aun así, no tengo ni idea de cómo los conseguí. Me desperté cubierto de sangre y me llevaron al hospital. En serio pensé que iba a morir”.

“¿Esa es la verdad detrás del llamado incidente de la hospitalización?”

“Sí. Yo soy el que fue hospitalizado.”

“¡Eso es todo lo contrario! Realmente no puedes confiar en los rumores.”

Mai suspiró y se sentó de nuevo.

Mientras lo hacía, la puerta se abrió, y un gato de calicó se deslizó dentro, maullando.

Detrás de él…

“Oh, ¿Estás en casa?”

Una cara en pijama de panda salió de detrás de la puerta.

“Er…”, dijo ella, desconcertada.

Sakuta estaba de pie allí en sus calzoncillos. Una chica mayor estaba sentada sola en su cama.

“……”

“……”

“……”

Ninguno de ellos habló. Tres pares de ojos giraron. Sólo el gato, Nasuno, se frotaba felizmente contra las piernas de Sakuta.

Kaede fue la primera en romper el hechizo.

“¡Lo siento!”, gritó, huyendo hacia la sala. Pero luego se asomó por la rendija de la puerta, sus ojos rebotaron entre ambos varias veces.

Finalmente, le hizo un gesto a su hermano.

“¿Qué?” preguntó él, recogiendo a Nasuno y acercándose. Cuando llegó a la puerta, Kaede se estiró para poner ambas manos alrededor de su boca y le susurró al oído.

“¡Si vas a contratar a un profesional, avísame con antelación!”

“Esa es una suposición muy buena, Kaede.”

“¡No veo qué puede explicar esto además de una ardiente necesidad de complacer tu fetiche por los uniformes!”

Diapositiva5

“¿De dónde has sacado estas cosas?”

“¡Leí una novela el mes pasado sobre una señora en esa línea de trabajo! ¡Es una persona maravillosa que lleva a los hombres tristes al cielo!”

“Bueno, cada uno ve las cosas de manera diferente, pero creo que la mayoría de la gente asumiría que traje una novia a casa.”

Esto parecía una conclusión mucho más natural para Sakuta.

“Ni siquiera quiero considerar ese escenario de pesadilla.”

“Pesadilla, ¿Verdad?”

“La pesadilla definitiva. Como la destrucción de la propia tierra.”

“Bueno, considero que el fin del mundo es un precio justo a pagar por una novia.”

“¿Ya terminaste?” Mai llamó.

Se volvió a la habitación. Kaede se apretó contra su espalda, con las manos en su hombro derecho, escondiéndose detrás de él mientras miraba sospechosamente a Mai.

Kaede era bastante alta, sin embargo, así que no estaba tan bien escondida. Mai probablemente podía ver bastante de ella.

“Esta señora no te hizo comprar un jarrón, ¿verdad?”

“No”.

“¿Prometiste ir a ver un cuadro?”

“No.”

“¿Libros de texto de conversación en inglés…?”

“Ella no está tratando de vender nada. No te preocupes. Esto no es una estafa de citas. Ella está un año por delante de mí en la escuela.”

“Soy Mai Sakurajima. Encantada de conocerte.

Cuando Mai habló con ella, Kaede se escondió a la sombra de Sakuta como un pequeño animal que huye de un carnívoro. Sus labios estaban lo suficientemente cerca de su espalda como para que pudiera sentir su aliento mientras hablaba, incluso si la voz era demasiado pequeña para entender las palabras correctamente.

“Uh”, dijo ella, “Encantada de conocerte. Soy Kaede Azusagawa”.

“Ah”.

“Y el gato aquí es Nasuno.”

Levantó el gato para que Mai pudiera ver. Nasuno maulló de nuevo, estirándose.

“Gracias por decirme eso”, dijo Mai.

Kaede asomó la cara por un segundo, pero luego arrebató a Nasuno de los brazos de Sakuta y salió corriendo de la habitación. La puerta se cerró de golpe detrás de ella.

Hablaba mucho cuando sólo estaban ella y Sakuta, pero si había alguien más cerca, Kaede siempre actuaba así. Cuando Yuuma se le acercó, los dos sólo habían logrado conversar cuando Sakuta se interpuso entre ellos.

“Lo siento, es dolorosamente tímida.”

“No te preocupes; no estoy disgustada por ello. Dile eso de mi parte más tarde, ¿Quieres? Y me alegro de que sus heridas se hayan curado.”

Por extraño que parezca, ninguna de sus heridas había dejado cicatrices. Sakuta estaba muy feliz por eso. Era una chica, después de todo. Al mismo tiempo, le hizo preguntarse por qué sus propias cicatrices habían persistido. Seguía siendo un misterio, pero… no uno en el que pensar ahora. Se centró en Mai.

Mai había puesto sus manos detrás de ella y se inclinaba hacia atrás, cruzando sus piernas.

“Me sorprende que no sepa quién soy”.

“Bueno… ella no ve mucha televisión.”

“Hmm.”

No estaba seguro de si Mai había encontrado esa explicación convincente.

“Volviendo al tema… Mai, cuando te fuiste, dijiste algo sobre querer visitar un mundo donde nadie te conociera. ¿Qué tan seria eres?”

“Cien por ciento seria”.

“¿En serio?”

“…A veces. Otras veces, me preocupa no volver a tener bollos de crema”.

Mai sacó el bollo de crema de su bolsa y le dio un mordisco.

“Lo pregunto porque es importante”.

“……”

Mai siguió masticando.

Esperó unos buenos diez segundos antes de que ella tragara.

“Lo que dije fue en serio”, explicó. “Lo que siento cambia de un momento a otro.”

“Sí, pero…”

“Entonces déjame preguntar. ¿Por qué quieres saberlo?”

Los ojos de Sakuta se volvieron hacia la puerta. Estaba buscando a Kaede, a pesar de que hacía tiempo que se había ido.

“En el caso de Kaede, distanciarla de las cosas online parece haber resuelto el problema.”

Ella ya no revisaba los medios sociales. Ya no lee los mensajes de los foros. Ya no se unía a los chats de grupos de clase. Habían cancelado el contrato del teléfono de Kaede, y Sakuta lo había tirado al océano. Ni siquiera tenían un ordenador en casa.

“¿Parece?”

“El médico que la examinó dijo: “Si crees que te dolerá el estómago, así será” y que algo parecido estaba pasando. Dicho esto, no se pudo convencer al doctor de que las lesiones físicas no eran autoinfligidas.”

Al final, había tomado la evaluación del médico con un grano de sal. Pero algunas partes parecían extrañamente exactas. El hecho de que sus amigos se volvieran contra ella obviamente había sido duro para Kaede. Con su corazón destrozado, el dolor que sentía comenzó a presentarse en su cuerpo como verdaderas heridas. Viéndolo de cerca, parecía la única explicación posible para Sakuta. La idea de que el estado de la mente influyera en el estado del cuerpo también parecía tener sentido para él. Si alguien temía algo, su cuerpo no se mantendría en plena forma. Sólo la vista de un alimento odiado es suficiente para provocar náuseas. La gente que odia la clase de natación puede tener fiebre cuando se va a la piscina…el tiempo se acercaba. Casi todo el mundo experimentó algo parecido.

En igualdad de condiciones, aunque los detalles y la escala fueran totalmente diferentes, Sakuta pensó que la teoría general del doctor era correcta.

“¿Y qué?”

“Creo que las heridas de Kaede fueron causadas por la fuerza de sus sentimientos.”

“Eso es lo que entiendo. ¿Pero crees que esto se aplica a mí también?”

“Quiero decir, mira cómo estás en la escuela. Actúas como si fueras parte del aire.”

“……”

La expresión de Mai no cambió. Parecía ligeramente interesada en lo que él tenía que decir, pero sus ojos decían mayormente “¿Y?” y en silencio le urgía a continuar. Esto le pareció una hazaña que habría estado más allá de cualquiera excepto ella.

“Uh, como estaba diciendo”, dijo él, rompiendo el contacto visual. “Creo que la mejor manera de evitar que las cosas empeoren sería que volvieras al trabajo”.

Deliberadamente mantuvo su tono ligero. No había razón para lidiar con ella directamente. Nunca ganaría en su terreno.

“¿Qué se supone que significa eso?”

“Si estás en nuestras pantallas de televisión, no importa lo bueno que seas fingiendo que no estás ahí, la gente que te rodea no te dejará en paz. Será como antes de que empezaras este paréntesis.”

“Hmph.”

“Además, Mai… tienes tus propios objetivos”, dijo, vigilando de cerca su reacción.

“……”

Sus cejas definitivamente se movieron. Muy ligeramente. Si no hubiera estado atento, Sakuta podría no haberse dado cuenta.

“¿Qué objetivos?” Su voz no traicionó ninguna emoción.

“Quieres volver al trabajo”.

“¿Cuándo dije eso?” preguntó, suspirando dramáticamente. Sakuta pensó que era otra actuación.

“Si no te interesa, ¿por qué mirabas con envidia el póster de la película en el tren?”

Inmediatamente presionó el ataque.

“¡Me gustó la novela en la que se basa! Sólo tengo curiosidad por saber cómo resultó.”

“¿Estás seguro de que no querías hacerte la heroína tú mismo?”

“Realmente estás presionando, Sakuta.”

Sonrió con confianza. Su máscara no se le quitaba tan fácilmente.

Sakuta tampoco se rendía.

“Creo que deberías hacer lo que quieras, Mai. Tienes las habilidades y el currículum. Además de un gerente que te quiere de vuelta en el trabajo! ¿Cuál es el problema?”

“…Al diablo con ella.”

Mai no levantó la voz. Pero las emociones que subyacen a sus palabras eran volcánicas. Sus cejas se habían cerrado, y ella lo miraba con desprecio.

“Métete en tus asuntos”.

Claramente había pisado una mina terrestre.

“……”

Mai se puso en pie en silencio.

“El baño está al final del pasillo a la derecha.”

“¡Me voy!”, dijo ella. Agarró su mochila y abrió la puerta.

“¡Eep!”

Kaede estaba justo afuera, sosteniendo una bandeja con un poco de té. También se había cambiado el pijama por una blusa blanca y una falda con tirantes.

“Er, uh… hice té”, tartamudeó Kaede, claramente intimidada por la expresión feroz.

“Gracias”, dijo Mai, mostrando una sonrisa. Agarró una taza y se la bebió de un solo trago. “Eso fue encantador”.

Colocó la taza educadamente en la bandeja y se dirigió a la puerta principal.

“¡Espera, Mai!” Sakuta llamó, y se apresuró a seguirla.

“¿Qué?” escupió, poniéndose los zapatos.

“¡Te olvidaste de esto!” dijo, sosteniendo la bolsa con el traje de conejita. “¡Quédatela!”

“Entonces al menos déjame acompañarte—”

“No”. Ella lo cortó, claramente irritada. “Vivo cerca”.

Y con eso, ella se fue. Sakuta estaba a punto de seguirla, pero…

“¡No! ¡Te arrestarán!” Kaede gritó.

Señaló sus ropas, o la falta de ellas, y se vio obligado a abandonar la idea.

Los dos se pararon torpemente en el pasillo.

“……”

“……”

Después de unos segundos de silencio, ambos miraron la bolsa.

Y el traje de conejita dentro de ella.

“¿Para qué es eso?” preguntó Kaede.

“Bueno, por ahora…”

Le sacó las orejas, y como Kaede aún sostenía una bandeja y no podía resistirse, se las pegó en la cabeza.

“¡No me lo voy a poner!”

Se escabulló de vuelta a la sala de estar, con cuidado de no derramar nada.

Nunca sería bueno forzarla, así que abandonó la idea por el momento. Guardó el traje en su armario, seguro de que llegaría el día en que podría disfrutarlo de nuevo.

“Está bien”.

Las cosas con Mai no estaban para nada bien. Realmente la había hecho enojar.

“Supongo que me disculpare con ella mañana…”


TRADUCTOR

Pipee

“Un placer…” — Pipee


CORRECTOR

Espumasaurio Staff

“Disfruten de la serie” — Espumasaurio


GRACIAS POR LEER NUESTRA VERSIÓN

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